A medio siglo de un título bisagra para el básquet riotercerense

Hay un antes y un después desde aquel enero de 1970 cuando la selección de Rio Tercero ganó por primera vez un campeonato provincial de básquetbol.

Aquel título obtenido en la ciudad de Bell Ville fue el salto inicial de una inolvidable generación de jugadores que brilló durante toda la década siguiente, haciendo que la “verde” se ganara un respeto que hasta entonces los rivales poderosos como Córdoba o San Francisco no contemplaban.

Hay que situarse en un contexto quizás difícil de entender para las nuevas generaciones, cuando este tipo de competencias significaban la chance poco frecuente de ampliar las fronteras regionales de la competencia. Eso explica la repercusión que tenía para quienes jugaban y lo seguían desde afuera como se pudiera, en épocas de limitada difusión mediática.

Si bien estos provinciales nunca dejaron de jugarse, están lejos de ese brillo, ya no convocan a los mejores sino a los “que quieren”. En esta realidad influyó un nuevo formato de competencias entre los clubes, que resulta más atractivo para los jugadores y ocupa la mayor parte de su agenda, dado que para muchos, el básquet pasó a ser un medio de vida.

“Jugábamos por la camiseta”, coinciden en afirmar los protagonistas consultados sobre aquella gesta deportiva. “No había plata que valga, íbamos a defender nuestra ciudad”, recuerda  Julio “Tata” Carranza. Eso generaba por ejempolo, que muchos jugadores debieran hacer extensos viajes diarios entre el lugar del campeonato y su lugar de origen para cumplir con el equipo pero a su vez, no descuidar el trabajo.

En esa época “ni siquiera era fácil llegar a jugar los provinciales”, recuerdan, ya que en muchos casos la clasificación previa se perdía ante Hernando, que tenía su propia asociación. Pero a fines de la década del 60 se rompió la tendencia y en enero de 1970 Río Tercero estaba presente para hacer historia en el sudeste provincial.

“Fue una época de muy buenos jugadores, pero también compañeros y ya jugábamos de memoria, había mucha rivalidad cuando jugábamos para Nueve o Fábrica pero en la selección éramos un solo grupo”, comenta Luis “Chueco” Faregliano.

El campeonato en cuestión reunió a seis selecciones que se enfrentaron todas contra todas pero no es un detalle menor la forma en que llegó la primera corona riotercerense. Junto a los candidatos de siempre, Córdoba y San Francisco, se produjo un triple empate ya que los tres se ganaron entre sí.

En su primer juego, Río Tercero logró un triunfo tan clave como sorpresivo en ese entonces, ante el combinado del este provincial por 61 a 53. Luego derrotó por 69 a 64 a Alta Gracia, rival que tuvo entre sus filas al goleador del torneo, Juan Turri, con 139 puntos. En el tercer cotejo no tuvo inconvenientes para superar al local Bell Ville 69-41, pero en los segundos finales del partido siguiente cayó ante los capitalinos 64-62, un partido que debió jugarse en la cancha de River porque la lluvia no permitió hacerlo al aire libre, como venía ocurriendo en el club Bell. Finalmente superaron claramente a Cruz del Eje 68-58 y debían esperar que San Francisco cortara el invicto de Córdoba, algo que terminó ocurriendo en suplementario 71-68, tras igualar el tiempo regular en 61.

Ante esta situación, fue un simple sorteo el que definió al campeón, para el cual se utilizó una polvorienta copa que descansaba en la secretaría del club anfitrión. Casualmente, Raúl Salguero, presidente de la Asociación de Básquetbol de Río Tercero, fue el encargado de sacar entre los tres papeles, uno que decía “Río Tercero”. Esta circunstancia, casi tan importante como los dobles previos, -ya que en esa época no había triples-, generó varias historias y mitos que perduraron por siempre sin que nadie ratificara ni rechazara enfáticamente. Si los tres papeles contenían el mismo nombre o si el mencionado dirigente se tragó los otros dos, son testimonios que navegan entre la realidad y la leyenda.

“Era como la 1 y media dela mañana y estábamos todos esperando, jugadores y público en la misma cancha, hasta que escuchamos que éramos campeones y se desató el festejo. No dormimos esa noche y a la madrugada salimos para Río Tercero. Hubo gente que se fue a Bell Ville, otros que se iban sumando a la caravana en los pueblos siguientes y cuando llegamos acompañados por los Bomberos, estaba todo el mundo, fue una cosa increíble”, recuerda el “Tata”.

El “Chueco” también revive a su manera, el epílogo de aquel histórico certamen: “Terminamos de jugar, nos fuimos a bañar sin pensar que Córdoba iba a perder. Después esperamos en una confitería el sorteo. No me acuerdo mucho de los partidos que jugamos pero sí del recibimiento acá que fue inolvidable, una fiesta total con todos los honores, el centro cortado y muchísima gente”.

“Eramos todos uno solo, un conjunto de amigos que nos dábamos mucha fuerza, no importaba quien jugaba de titular, lo importante era ganar”, agrega. Varios de ellos, representaron a Córdoba en los campeonatos argentinos, que fueron la mayor competencia del país, hasta mediados de los 80 cuando llegó la Liga Nacional.

Por temperamento, Ruben Diz, segundo goleador del torneo con 127 tantos, aparecía como el líder una plantilla que además de Carranza, reconocido por su alta efectividad de lanzamientos, sobre todo tiros libres, y Faregliano, un base tan estratega como caudillo; contaba con el elegante estilo de Daniel “Bachicha” Herrera; tenía otro inteligente base que manejaba ambas manos y después fue árbitro nacional, como Carlos Etchart, al rebotero José “Chochi” Cavenio, un gran saltador que practicó varios deportes, tal fue el caso de Juan Carlos “Cacho” Moretto, un goleador implacable en Héctor “Alemán” Melo  y otros inolvidables jugadores: Ricardo Abrile, Raul Salguero y Angel “Letero” Gallardo. El entrenador era el correntino, Samuel Oliva, quien venía de dirigir a las Estrellas Blancas de General Paz Juniors de Córdoba. También era un gran motivador; “si no te veía bien, te decía, vos tenés miedo,  y así te olvidabas de los nervios”, recuerda Faregliano.

La hegemonía riotercerense a nivel provincial duraría una década con estos nombres y continuaría otra más, con nuevos valores que fueron tomando el legado. De esta manera llegarían títulos sucesivos en Deán Funes, Cruz del Eje, Villa Dolores y otras grandes actuaciones, pero ese verano belvillense del ´70 fue la bisagra.

La delegación de Río Tercero participando del desfile por las calles céntricas de Bell Ville, aquel martes 19 de enero de 1970.

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