El interminable Carlos “Caco” Colla

En el ambiente del básquet, hay quienes creen que Carlos Colla, más conocido como “El Caco”, no fue reconocido en toda su dimensión dentro de su Río Tercero natal.

La inquietud de repasar parte de su vida, es la manera en que esta sección de Historias del Gen Dominante pretende desterrar cualquier rasgo de injusticia para con uno de los principales referentes que ha dado la Capital Nacional del Deportista.

La fama de goleador no es el único legado; constancia, entrega y humildad han sido rasgos que no pueden despegarse de su talento, a la hora de destacar una extensa carrera que lo llevó a jugar hasta más allá de los 40 años.

El “Caco” nació en la calle Mendoza al 35, en  pleno Barrio del Libertador, el  27 de abril de 1966. Es el hijo menor después de Roberto,  Raúl  y Marcela.

Su padre Raúl Enrique “Indio” Colla era un empleado de Fábrica Militar y docente de la ex ENET Nro 1. Su madre Clarinda Britos, fue directora de la escuela primaria del barrio, el ex colegio 483, hoy “Escuela General Nicolás Manuel Savio”.

Cuentan que su hermano Raúl “Poli” Colla, también gran basquetbolista, tenía en el patio de su casa un aro muy pequeño, con el tablero a una altura que para “Caco” era casi inalcanzable. Sin embargo fue así como comenzó a realizar sus primeros lanzamientos.

Cuando a la edad de 10 años sus amigos del barrio Libertador lo invitaron a una práctica de mini básquet en el Club Fábrica Militar, los aros más grandes y los tableros bajitos le permitían encestar de cualquier sector que lanzara.

Su gran formador fue Ángel “Letero” Gallardo, pero a los 15 años, fue Luis “Chueco” Faregliano, quien lo hizo debutar en Primera. Corría el año 1981 y FMRT fue el campeón de la Asociación de Basquetbol de Rio Tercero. Compartió equipo con su hermano “Poli” Colla, los Milanesio, Santoro, Valdemarín, el “Bocha” Gallardo y el “Lolaca” Cortez, entre otros.

En los comienzos de La Liga Nacional jugó en Fabrica Militar hasta 1986. En el año 87’ debió incorporarse al servicio militar obligatorio en la ciudad de Córdoba y jugó la temporada 87/88 para Instituto. Luego volvió a Río Tercero, para jugar en Sportivo 9 de Julio, del 88’ al 91,’ donde se convirtió en un jugador muy requerido por los clubes de la Liga, debido a su entrega y goleo.

La temporada 91/92 lo encontró jugando en Banco de Córdoba junto a otros dos riotercerenses, Walter Domínguez y Pablo Melo, con quienes ascendieron a la Liga Nacional A.

En la 92/93 integró el equipo de Atenas de Córdoba, donde volvió a jugar con Marcelo Milanesio. En el “Griego”, logró el Campeonato Sudamericano y perdió la final de la Liga con el GEPU de San Luis, que tenía en la base a Gustavo “Lobito” Fernández.

Junto a Marcelo Milanesio en su paso por Atenas.

En la temporada 94/95 jugó el TNA (Torneo Nacional de Ascenso) para Regatas de Mendoza, convirtiéndose en el máximo goleador de la segunda categoría del básquetbol nacional.

Luego de un breve paso por Siderca de Campana  llegó a Racing de Avellaneda para disputar la 96/97. Olimpia de Venado Tuerto lo tuvo como figura junto a Alejandro “Puma” Montequia y Leonardo Gutierrez en la 97/98.

Finalmente, llegó a Belgrano de San Nicolás para jugar durante 12 temporadas seguidas, 10 en la Liga A y 2 en el TNA. Así se convirtió junto a Marcelo Milanesio en el jugador de la Liga que más temporadas jugó para una institución. Incluso, en el club bonaerense se dio el gusto de compartir plantel con su hijo, Juan Cruz.

Los Nicoleños lo consideran ídolo indiscutido del basquetbol, de hecho, su camiseta está colgada de  Belgrano y él les retribuyó el afecto eligiendo San Nicolás como ciudad de residencia, junto a su mujer, Dafne Koskiniotis y tres hijos: Francisco, Sofía y el mencionado Juan Cruz.

Ya retirado del basquetbol profesional, siguió “quemando redes” para el Automovil Club de San Nicolás, donde disputó tres provinciales de clubes y varios campeonatos de Primera local. Fue tal el suceso de esta experiencia, que el Centro Juventud Sionista que militaba en la temporada 2010/2011 en la Liga Nacional A le propuso incorporarlo después de quedarle una ficha mayor libre y jugó una temporada más para el equipo de Paraná. Con 44 años fue el ayuda-base más experimentado de la Liga Nacional.

Pero como se mencionó antes, fue en San Nicolás donde más cómodo se sintió durante y después del basquet. En ese marco, Pablo “Patota” Dastugue fue su entrenador durante cinco temporadas en las que lograron ubicar a Belgrano entre los ocho primeros de la categoría de elite, cuando el objetivo era mantener la categoría.

El vínculo con el DT se fortaleció y trascendió la cancha, a punto tal que lo eligió para ser padrino de su primer hijo.

“Caco era el capitán y emblema de ese equipo. Una persona con muchos valores y para mí era muy fácil dirigirlo. Yo también estaba a cargo de las inferiores y era un ejemplo para los chicos, algo que le daba mucha valor. Era el que más entrenaba, el que más se cuidaba, no me acuerdo haberlo escuchado decir una mala palabra, siempre positivo”, recuerda Dastugue.

El entrenador también lo destaca como un “incansable”, al que no le recuerda faltas a los entrenamientos.”Terminaba la temporada y no quería parar. Despues me pedia jugar en la Primera local en los cuatro meses de parate y lo hacía como si fuera uno mas entre los pibes”.

Bandera que permanece en lo alto del estadio Fortunato Bonelli.

“Para la gente del club fue un ídolo. Todavía recuerdo el famoso Caco, Caco, Caco, Huevo Huevo, Huevo Uno veía un respeto muy grande, no solo en el club sino con los rivales. Nunca lo vi enojarse. Fue un gusto haberlo dirigido”, resume.

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