Documental de Mundo D: José María López por “Pechito” López y por quienes más lo conocen

Poníamos un colchón en la Estanciera y se iban al kartódromo en Córdoba. Le abrían la compuerta de atrás y dormían ahí… Pasaban dos o tres días probando, dando vueltas”, cuenta José María López padre para hablar de la pasión con la que vivía su hijo sus primeros años en el deporte motor, acompañado por Walter Bossano, su primer entrenador.

“Había una parte que le llamaban la ollita: era una recta que bajaba de golpe y doblaba. ¿Sabés qué hacía Walter? Se paraba en la ollita para que este lo esquivara y aprendiera cómo doblar en las curvas”, refuerza.

Pero Bossano también tiene una anécdota para graficar lo que fue “Pechito” desde chico.

“Fuimos a probar a un kartódromo en Cañada de Gómez. Estuvimos varios días y cuando nos dimos cuenta, ya era 23 de diciembre. Llamamos a Río Tercero y les dijimos que estábamos cansados, que viajaríamos al día siguiente. Pero era mentira. Queríamos seguir probando. Al final llegamos el 24 a la medianoche. Nos querían matar los padres”, recuerda y asegura: “Así era él. Siempre quería aprender. Estaba muy interesado en ser piloto algún día, tenía más ganas que la misma edad”.

José María “Pechito” López nació para ser piloto y acompañó su talento con mucho trabajo desde niño.

Hubo pequeños y grandes hechos que forjaron la virtuosa relación entre el riotercerense y el automovilismo a los largo de 30 años de historia: la relación con sus padres y el sacrificio de toda su familia; su obsesión por los detalles; el actuar como grande desde chico y el ser un grande que mantiene la pasión de un niño; llegar a lo más alto y tocar fondo; reinventarse y tomar impulso para renacer con más fuerzas…

Formar al cinco veces campeón mundial de automovilismo (tres títulos en Turismo y dos en Resistencia) implicó decisiones cruciales en la familia y el acompañamiento de gente tan apasionada como él. Eso se desprende del relato del segundo argentino en ganar las 24 Horas de Le Mans y también del de quienes lo acompañaron en el camino.

SUS ACTOS

“Yo entrenaba a varios chicos y muchos de ellos hacían deportes individuales. Y a mí me llamaban la atención dos chicos: José y Nicolás, que andaba en moto. Eran muy ‘yoistas’, y los lunes venían acá y todo era quién había ganado más y quién había corrido más fuerte. Pero cuando vas a la pista y lo ves, y ves que un niño de 11 años toma una curva a la velocidad que la toma, no hay manera de no ser ‘yoista’, de no creerse que podía hacer todo en una pista. Con el tiempo lo entendí yo. Él lo entendió mucho antes”, repasa Javier Lunari, primer preparador físico de López, cuando apenas era un niño.

Los recuerdos de quienes conocen a “Pechito” desde chico son coincidentes: pasión y trabajo se entremezclan desde muy temprana edad en anécdotas que lo ayudan a pintar en cuerpo y alma.

Esas dos variables lo acompañan hasta el día de hoy en su carrera. Y vuelven a aparecer en los relatos de quienes se cruzaron en su camino cuando ya los kartings eran cosa del pasado y el cordobés había demostrado sus credenciales en monoplazas en Europa.

“Cuando llegué a trabajar con él ya era un deportista hecho y derecho”, introduce Daniel Garimaldi, quien lo acompañó en la parte física y mental allá por comienzos del nuevo milenio. “Una vez lo acompañé en una competencia en Alemania, donde había hecho una clasificación -para él- mala. Llegamos al hotel y se fue a la habitación sin comer, ofuscado. Yo fui a su cuarto con una pizza, nos pusimos a hablar y a los 15 minutos, pizza mediante, cambió totalmente su visión. Ahí me di cuenta que es un deportista superdotado en todos los sentidos: al otro día en la carrera le fue brillante. Cambió el foco sobre la actuación en la clasificación y fue suficiente para volver a situarse como el excelente piloto que es”.

“Poníamos un colchón en la Estanciera y se iban al kartódromo en Córdoba. Le abrían la compuerta de atrás y dormían ahí… Pasaban dos o tres días probando, dando vueltas”, cuenta José María López padre para hablar de la pasión con la que vivía su hijo sus primeros años en el deporte motor, acompañado por Walter Bossano, su primer entrenador.

“Había una parte que le llamaban la ollita: era una recta que bajaba de golpe y doblaba. ¿Sabés qué hacía Walter? Se paraba en la ollita para que este lo esquivara y aprendiera cómo doblar en las curvas”, refuerza.

Pero Bossano también tiene una anécdota para graficar lo que fue “Pechito” desde chico.

“Fuimos a probar a un kartódromo en Cañada de Gómez. Estuvimos varios días y cuando nos dimos cuenta, ya era 23 de diciembre. Llamamos a Río Tercero y les dijimos que estábamos cansados, que viajaríamos al día siguiente. Pero era mentira. Queríamos seguir probando. Al final llegamos el 24 a la medianoche. Nos querían matar los padres”, recuerda y asegura: “Así era él. Siempre quería aprender. Estaba muy interesado en ser piloto algún día, tenía más ganas que la misma edad”.

José María “Pechito” López nació para ser piloto y acompañó su talento con mucho trabajo desde niño.

"Pechito" López, a punto de correr su primera carrera junto a su entrenador Walter Bossano y a su papá, José María López, en Almafuerte. (Gentileza Walter Bossano)
“Pechito” López, a punto de correr su primera carrera junto a su entrenador Walter Bossano y a su papá, José María López, en Almafuerte. (Gentileza Walter Bossano)

Hubo pequeños y grandes hechos que forjaron la virtuosa relación entre el riotercerense y el automovilismo a los largo de 30 años de historia: la relación con sus padres y el sacrificio de toda su familia; su obsesión por los detalles; el actuar como grande desde chico y el ser un grande que mantiene la pasión de un niño; llegar a lo más alto y tocar fondo; reinventarse y tomar impulso para renacer con más fuerzas…

Formar al cinco veces campeón mundial de automovilismo (tres títulos en Turismo y dos en Resistencia) implicó decisiones cruciales en la familia y el acompañamiento de gente tan apasionada como él. Eso se desprende del relato del segundo argentino en ganar las 24 Horas de Le Mans y también del de quienes lo acompañaron en el camino.

SUS ACTOS

“Yo entrenaba a varios chicos y muchos de ellos hacían deportes individuales. Y a mí me llamaban la atención dos chicos: José y Nicolás, que andaba en moto. Eran muy ‘yoistas’, y los lunes venían acá y todo era quién había ganado más y quién había corrido más fuerte. Pero cuando vas a la pista y lo ves, y ves que un niño de 11 años toma una curva a la velocidad que la toma, no hay manera de no ser ‘yoista’, de no creerse que podía hacer todo en una pista. Con el tiempo lo entendí yo. Él lo entendió mucho antes”, repasa Javier Lunari, primer preparador físico de López, cuando apenas era un niño.

Los recuerdos de quienes conocen a “Pechito” desde chico son coincidentes: pasión y trabajo se entremezclan desde muy temprana edad en anécdotas que lo ayudan a pintar en cuerpo y alma.

Esas dos variables lo acompañan hasta el día de hoy en su carrera. Y vuelven a aparecer en los relatos de quienes se cruzaron en su camino cuando ya los kartings eran cosa del pasado y el cordobés había demostrado sus credenciales en monoplazas en Europa.

“Cuando llegué a trabajar con él ya era un deportista hecho y derecho”, introduce Daniel Garimaldi, quien lo acompañó en la parte física y mental allá por comienzos del nuevo milenio. “Una vez lo acompañé en una competencia en Alemania, donde había hecho una clasificación -para él- mala. Llegamos al hotel y se fue a la habitación sin comer, ofuscado. Yo fui a su cuarto con una pizza, nos pusimos a hablar y a los 15 minutos, pizza mediante, cambió totalmente su visión. Ahí me di cuenta que es un deportista superdotado en todos los sentidos: al otro día en la carrera le fue brillante. Cambió el foco sobre la actuación en la clasificación y fue suficiente para volver a situarse como el excelente piloto que es”.

El trabajo mental fue un punto clave en la carrera del cordobés; como él mismo reconoce: “un antes y un después”. Fue la pata que reforzó cuando regresó a Argentina en 2006 y fue el excampeón mundial cordobés de esquí acuático José Luis Visconti quien lo ayudó en ese camino.

Trabajo y amistad. “Pechito” asegura que “Pepe” Visconti lo ayudó a disfrutar de lo que hace, en un momento de mucha desmotivación. Forjaron una gran amistad. (@pechito37 / archivo)

“Él estaba viviendo cerca de casa y a veces me iba a verlo. Indefectiblemente cuando yo iba él estaba viendo televisión. Se estaba viendo a él. Tenía todas las filmaciones de sus carreras para ver los errores que había cometido. Se estudiaba permanentemente”, cuenta “Pepe”.

Y “Pechito” resurgió; su pasión se volvió a encender y sacó en el automovilismo argentino su “mejor versión”. Entonces, fue Víctor Rosso el personaje clave.

“Él venía con todo ese know how de la Fórmula Uno y no lo podía dejar de lado. Hizo todo, todo para ganar. Él no podía venir a Argentina para correr y competir. Él tenía que ganar”, asegura el director general de Honda Racing y quien lo convenció de correr en el país.

“En la primera prueba que hicimos en el Cabalén, ‘Pecho’ se sube y hace récord de vuelta. ‘Pechito’ no va a cambiar nunca el espíritu ni cuando tenga 80 años. Él tiene que ganar en todo. Es su naturaleza”, describe.

SUS PALABRAS

“Desde el primer momento que me subí, sentí que era algo que podía hacer bien, que me podía destacar porque me salió bien desde el inicio”, confiesa el piloto de 38 años, que desde entonces edificó una carrera soñada.

El automovilismo estuvo presente desde siempre en su familia; tanto del lado de su mamá como de su papá. Y después de que un especialista les recomendara a sus padres que el pequeño José haga deportes, el tercer hijo de Mabel y José María se subió a un karting y lo transformó en “una pasión que no terminó de crecer hasta el día de hoy”.

“Mi papá en un momento me preguntó, siendo chico, si lo quería hacer de hobbie o en serio. Y yo le dije que lo quería hacer en serio. Tuve la suerte de saber qué era lo que yo quería desde muy chiquito”, dice hoy “Pechito”, a casi tres décadas de aquella conversación.

Ese “tomárselo en serio” implicó que José comenzará a trabajar desde los 10 años con un preparador físico.

“Desde muy chiquito se me metió eso del deporte, y lo agradezco porque para mí el deporte es una forma de vida. Cuando no estoy arriba del auto de carrera estoy entrenando en otra cosa”, asegura, y cuenta que lo que nunca puede faltar en sus viajes “es la bicicleta”.

Su talento natural comenzó entonces a potenciarse con el trabajo y “el Pechito” de Río Tercero se destacó pronto en el karting provincial, nacional e internacional hasta radicarse en Italia con sólo 14 años.

“Es loco pensar que a esa edad me fui solo a Europa. Pero me rodeé de buena gente que me cuidó mucho. Yo siempre fui muy dedicado, muy estructurado y eso lo vieron mis viejos y confiaron”, reflexiona y concluye: “Tengo recuerdos de momentos bastante difíciles. Era muy chico… Pero cada vez que no se bajaron los brazos, al tiempo las cosas empezaron a salir; y ahí está esa pequeña diferencia entre lograrlo o no…”.

En Europa, en 2001 el cordobés pasó de los karts al automovilismo y pronto encontró resultados: en 2002 ganó el Campeonato Italiano de la Fórmula Renault 2000 y fue cuarto en el Europeo de la división para llamar la atención de la escudería Renault, que lo incluyó en su programa de desarrollo de jóvenes pilotos.

“Pechito” se codeó así con la Fórmula Uno y vio muy cerca la posibilidad de cumplir su gran sueño. Pero la escudería le quitó el apoyo.

“En 2006, después de mi intento fallido de F1, me vuelvo a Argentina un poco frustrado y hubo un impasse de cuatro, cinco meses en los que estaba un poco enojado con el automovilismo; había perdido las ganas de seguir”, confiesa.

Pero Víctor Rosso primero y “Pepe” Visconti después, se cruzaron en su camino y “Pechito” resurgió en casa.

“Para mí fue muy importante el automovilismo argentino. Corriendo acá apareció mi mejor versión. Y eso me dio el empujón para después volver a Europa y lograr todo lo que vino”, sentencia quien ganó dos títulos de TC2000 (2008 y 2009), uno de Top Race (2009) y uno de Súper TC 2000 (2012).

Pero fue su deslumbrante participación en la doble fecha argentina del Campeonato Mundial de Autos de Turismo (WTCC) en 2013 lo que le dio a “Pechito” el impulso para regresar al Viejo Continente. “Yo no tenía muchas ganas de correr. Estaba cansado. Corría casi 44 carreras al año…”, reconoce quien a bordo de un BMW 320 TC del equipo Wiechers-Sport ganó la segunda final y fue quinto en la primera. “Haber corrido y haber ganado fue lo que hizo que Citroën me viera. Esa fue la bisagra”, plantea.

Por eso, López “vuelve” al automovilismo argentino y concluye: “Mis tres campeonatos del mundo de WTCC fueron en parte por lo que aprendí acá: aprendí a correr en los autos de turismo, aprendí mucho mentalmente y recuperé esa pasión y el fuego que se había pagado un poquito después del golpe de la F1″.

José María López celebra con la Bandera argentina la obtención de su tercer y último título mundial en el WTCC. (Prensa WTCC)

Lo que vino después es historia reciente: el complejo salto a la categoría endurance, con dos nuevos títulos mundiales y la histórica consagración en Le Sarthe.

“Ganar LeMans fue lo máximo para mí. Si mi carrera terminara acá, te diría que lo más importante es ese trofeo; era ese mi objetivo final”, admite rodeado de las más de 220 copas que ostenta en su museo personal.

“No vengo muy seguido”, dice con humildad sobre ese espacio en Río Tercero que su padre montó en su honor. Pero también reconoce que estar allí le permite dimensionar todo lo que logró en su vida.

José y su orgulloso triunfo celeste y blanco en Le Mans, en agosto de 2021. (AP)

“Yo todavía estoy bien, estoy para más y sigo mejorando. Siempre hay algo que uno encuentra para seguir exigiéndose”, dice y asegura: “Esto sigue”.

Fuente: MundoD

Imagen destacada: Nelson Torres (La Voz)

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